Vaiana

 

Que Walt Disney Animation Studios está viviendo una nueva era dorada es un hecho que empezó a constatarse con el estreno de Tangled (2011), llegó a su punto álgido -nunca mejor dicho- con Frozen (2013) y sigue verificándose con el último trabajo de la compañía: MoanaVaiana en España- (2016).

 

 

 En los últimos años la compañía se aproximado al amor desde diferentes perspectivas, todas ellas alejadas del cliche damisela en peligro-héroe masculino que ha ayudado a crear la imagen conservadora de la marca. En Rompe Ralph (2012) este acercamiento consistía en el amor por el débil, el diferente, el glitch; en Brave (2012) la relación madre e hija era el motivo sentimental del film; y, como no, Frozen era la historia de amor entre dos hermanas. Ahora, en la era del Selfie y de Facebook, Vaiana habla de amor por uno mismo, de autorealización y de conocimiento personal.

Vaiana, líder de una tribu polinesia que habita en una isla del Pacífico dónde empiezan a agotarse los recursos, decide emprender un viaje más allá del arrecife para encontrar un nuevo lugar habitable para su pueblo. Como no podía ser de otra manera, en el camino se encontrará a sí misma. La acompañan en el viaje Maui, un semidios al que da vida otro semidios de Hollywood (Dwayne Johnson), y un pollo, Hey-Hey, que probablemente tenga el gratificante honor de ser el personaje secundario más tonto que nunca se haya escrito en las oficinas de la compañía que creo a Goofy, Guideon y -¿por qué no?- Olaf.

 

 

Una historia clásica, no demasiado original, falta de épica, en la que brillan todos los elementos que la rodean y nunca la historia en sí. Brilla la banda sonora, creada por Opetaia Foa’i músico y cantante samoano encargado de dotar al libreto del exotismo del Pacífico Sur, Mark Mancina, hombre de confianza de la casa, y la reciente estrella de Broadway por el musical Hamilton, Lin-Manuel Miranda. Brilla el color, la luz y el aspecto de la Polynesia creada por Disney. Brilla el hecho de que la compañía se acerque a diferentes culturas y mitologías para contar sus historias pese a que no lo haga todo lo bien que algunos quisieran. Brilla el hecho de que el Océano se comporte como un personaje más. Brilla la pequeña Vaiana. Y brilla, sobre todo, la sensación de que, pese a no estar ante una gran obra maestra de la animación, Vaiana aprueba notablemente en cada uno de los aspectos que se esperan de un clásico Disney: musica, vitalidad, imaginación y una heroína que vuelve a ser independiente, luchadora y no necesita de nadie que la rescate o salve -y ya van unas cuantas así- habrá que esperar si la refrescante Vaiana dirigida por Ron Clements y John Musker hace olvidar el frío invierno que hace ya tres años instaló la reina Elsa en todo lo relacionado con la compañía norteamericana.

 

 

Lo mejor: soundtrack y bebé Vaiana, ganadora absoluta del premio a lo más bonico del cine en 2016.

Lo peor: la falta de un motivo sentimental que haga que la historia funcione mejor, cale, y no sólo guste.

 

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